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14.3.07

No terminó pero...

En este verano aprendí...

  • Que para que las olas no me maltraten, basta solamente con no meterme al mar.
  • Que en el río no hay olas que maltraten, y que siempre se puede veranear con calma.
  • Que me gusta viajar sola.
  • Que tengo sentimientos, y que son más fuertes de lo que pensaba.
  • Que es muy difícil contactar clientes de prostitución (si conocen o son uno, maileen).
  • Que extrañaba a mis amigas.
  • Que el pelo corto es comodísimo para peinar y sirve para no quejarse tanto del viento.
  • Que la espalda puede estar enojada.
  • Que estaba -y sigo estando- realmente enamorada.
  • Que hay algunas personas que tienen una cierta maldad intrínseca amparada por la sociedad machista en la que viven, y que les permite seguir haciendo sus cosas con completa impunidad.
  • Que en dos meses podés emborracharte más veces que en 22 años.
  • Que por más que suene a recurso mil veces utilizado, la esperanza es lo último que se pierde, es muy difícil de matar y así y todo te hace seguir adelante.
  • Que ese amigo que anda por ahí, callado y tranquilo, es el que más te puede ayudar.
  • Que el tiempo pasa rápido. Y que daría todo porque otra vez fuera este 21 de marzo, y volver a empezar mucho más segura, mucho más sincera con mis sentimientos, y con todas estas cosas que aprendí.

10.3.07

Eternamente

Hablaba hace un tiempo acerca de las películas que no se ven dos veces. Esta es una de ellas. Todas las que me llegan, fuerte, lo son.

Suelo llorar en las películas. Casi siempre lo hago. Aunque lo disimule mirando a un costado, evitando mirar a la otra persona si estoy acompañada, secándome las lágrimas con el reverso de la mano "como quien no quiere la cosa".

De la misma manera en que me obsesiono con algún personaje, en que vivo las letras de las canciones, en que incorporo conceptos y los repito una y otra vez, hay películas que nunca se me terminan de ir. No recuerdo si en esta lloré más que en "El Gran Pez" o menos que en "Brokeback Mountain". No recuerdo si quedé pensando mucho en ella posteriormente.

Creo que pocas personas que hayan pasado por algo así no desearían poder borrarse los recuerdos. Así. Fiussh. Seguir adelante de una vez. Move on.

Pero el recuerdo no es sólo de uno. ¿Hasta dónde tenemos la potestad, quién nos da permiso deborrar aquello que pasamos? Y al mismo tiempo, ¿cómo seguir adelante con un recuerdo - quizá demasiado engolosinado, quizá demasiado adornado, quizá muy poco aferrado a la realidad- de algo que estuvo, y que ya no está?

Suelo llorar en las películas. A veces, fuera de ellas, también.


Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004)
Trad.: Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos
Dir.: Michael Gondry
Jim Carrey, Kate Winslet, Elijah Wood, Kirsten Dunst, Mark Ruffallo...




22.10.06

Revolviendo el tercer cajón: Libreta



(click para agrandar)

Libreta del papá de Ling, 1976. 6° año del industrial en curso: disposiciones de la última dictadura militar.

22.9.06

Revolviendo el Tercer Cajón: R.

Las veces anteriores que anduve por ese cajón, fue para resucitar mascotas. Primero, nos enternecimos con el Tito. Más tarde, lloramos con Diana III. Eso no significa que estemos nuevamente ante una mascota. No. Ni lo piensen.

R. es mi amigo. Y hace muchos, muchos años, solía ser tan dulce como todos somos dulces cuando vamos al jardincito, sobre todo en aquellos tiempos. Creo que nuestra generación inauguró el concepto de jardín como guardador de chicos con padres que trabajan. En esa época, nuestra principal preocupación era jugar.

Y que el pintorcito nos quedara bien, claro.



19.11.05

21.5.05

Revolviendo el tercer cajón: Diana III

Sigo encontrando fotos de mascotas en ese cajón... pero no creo que Dianu tenga tanto éxito como tuvo el Tito... ¿por qué? Este es un post in memoriam...

Siento un cariño especial por los animales, más por los perros, que son mi debilidad. Diana III era una ovejero alemán de 8 años, que había vivido toda su vida con nosotros. Aprendí a quererla con ese cariño especial que guardamos los hijos únicos que pasamos mucho tiempo solos.

Fue una tarde de domingo en que supe que ya no la vería más. Pidió entrar a la casa, y cumplimentó su rutina favorita: pasó por la cocina y saludó a mamá, fue al dormitorio matrimonial para recostarse unos segundos junto a papá, y se sentó pacientemente a la puerta de mi habitación. Cuando salí, nos sentamos juntitas en el sillón. Me dejó abrazarla, mirarla a los ojos con lágrimas en los míos, y finalmente pidió salir. No llegó a ver la luz del sol del día lunes.

Su enfermedad fue rápida y repentina: en una semana, ya la habíamos perdido. Si bien no nos dimos cuenta, ella sí presintió sus últimos momentos, y fue por eso que quiso compartirlos con nosotros. Sabía que la recordaríamos toda la vida. Quizá haya sido por la costumbre de vernos, de pedir entrar, ya que hay quienes afirman que los animales no sienten. Pero esas personas nunca sintieron el cariño emanando de los ojos de Diana, esa tarde de domingo, sobre un sillón gris.

28.4.05

Revolviendo el tercer cajón: El Tito

Hace un tiempo compartí una foto de mis últimas vacaciones, en las que se me veía en alegre actividad ecuestre. Quizá no tan alegre, porque la verdad estaba un poco (y sólo un poco) asustada, hecho que me sorprendió debido a mi pasado rural. Pasado del que muchos conocidos han dudado.

Pero es así. Yo sabía andar a caballo. Son esos misterios de la vida: tuve un petiso en mi casa (zona sur del conurbano) hasta aproximadamente los 5 años. Un caballo que comía las plantas de mamá, que se peleaba con la perra y que pretendía entrar a la casa. Un caballito que se llamaba Tito (yo le puse el nombre... ¡era chiquita, che!).

Mini Ling y el Tito

26.1.05

Vacaciones

Mi ausencia no se nota. Soy de esa clase insufrible de personas que se embarcan en algo y rara vez se dispone a completarlo. Tal vez no tengo cosas que decir, pero, es verdad, escribo poco aquí, y poco interesante. Estuve de vacaciones.

¿Qué piensa la gente cuando abandona su ciudad para irse a vacacionar? ¿Pensarán que, al dejar atrás su geografía, también dejan atrás un poco de sí mismos? Podría ser... Somos donde vivimos, y eso es cierto. Pero no por irnos dejamos de ser. Partir, no es morir un poco.

Sin embargo allí vamos. A armar la valija: meter todo eso que en casa no usamos. Y me incluyo: armé un bolso con un montón de ropa que después no usé: me faltaron usar 2 pantalones, una camisa, varias remeras... Muchas cosas. En serio: no vamos a hacer en dos semanas lo que no hacemos en meses. Porque sea enero, además, no es necesario andar en shortcitos o comer helado: ¡¡La temperatura no llega a 20 grados!! Aflojen un poco.

Además, la gente de vacaciones tiene otra predisposición. Andan mirando todo sorprendidos: no nos engañemos, vaqueishon pipel. Fui a Miramar. Ya la conocemos. Vamos siempre al mismo lugar.

Y las edades... Niñitas de 14 con minifaldas como si tuviera 20. Señoras de 55 con minifaldas como si tuvieran 20... No, no, ¿y las que tenemos 20? Es impresionante la libertad que adoptan los nenes con sólo verse librados de los padres a dos cuadras, en una calle peatonal en que es casi ded día toda la noche. Son insufribles.

Pero una igual se divierte. Y sale a hacer cosas que disfruta: como andar a caballo. ¡Qué lindo y original paseo!