Me parece que el otoño es la única estación del año que me mueve a escribir sobre ella. Es el preludio del invierno, el momento en que el vestuario empieza a poblarse y donde las ganas de unas botas de lluvia se vuelven necesidad.

Pero el otoño es más idealizable. El otoño es el momento en que todo empieza a cambiar más notoriamente, más que la primavera. El otoño y el invierno producen cambios radicales. Todo se pone gris primero. Y completamente inerte después, acá, en esta ciudad donde el blanco no existe. No hay blanco. El otoño acá es gris. Son colores mucho más interesantes que los de la primavera, que serán más, pero son menos también. Porque miramos para abajo y es amarillo sobre el gris del asfalto. O miramos para arriba y es naranja sobre el gris del cielo. Y es húmedo. Tan húmedo. Todavía no es frío, pero es pegajoso, es lento, y sin embargo es luminoso.
Y, no sé, la soledad se luce mucho más en otoño.
1 comentarios:
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