"El conflicto dentro de las estructuras burocráticas o entre ellas, proporciona los medios para evitar la osificación y el ritualismo que amenazan su forma de organización. El conflicto, aunque aparentemente sea disfuncional para los sistemas muy racionalizados, en realidad puede tener importantes consecuencias funcionales latentes. La resistencia a la innovación y al cambio parece ser una "psicosis ocupacional" que amenaza constantemente al burócrata; atacarla y superarla puede contribuir a que el sistema no se asfixie en
la rutina debilitante del hábito, y a lograr que la creatividad y la invención puedan aplicarse en la misma actividad de planeamiento."
Me encanta Buenos Aires. Elegí vivir acá hace unos años, conozco varias otras ciudades y no tienen comparación. Tal vez Rosario un poco, apenas, se acerque. Sin embargo, estos días estuvo particularmente horrible. Basura, calor, lo que todos estuvimos viendo. Y la gente, que es parte de la ciudad e inclusive hasta diría que es la ciudad misma, no ayuda. Ni un poquito. En estos días, Buenos Aires me hace acordar a esa gente que hace todo lo posible por afearse.
1.- Por algún motivo el fin de semana se me ocurrió acordarme que alguna vez tuve un blog. Que alguna vez me subí a ese tren de escribir en una plataforma digital como en otros momentos tal vez se escribía en un diario, como en otros tiempos tal vez se debatía en cafés o pasillos; inclusive pasillos de facultades como la que me albergó durante años y cuyas carreras en algún momento fijaron su atención demostrando una vez más que todo fenómeno es investigable.
2.- Del 2010 para acá muchas cosas cambiaron a nivel personal. No sólo estoy más grande -no tanto, 2 años a esta edad no se nota mucho-, también terminé etapas, empecé nuevas experiencias y cambié incluso dentro de ellas, me acerqué a nuevas personas, me alejé de otras y seguí con muchas. Utilicé el tiempo para escribir de otras maneras, en otros lados. Me acostumbré a leer cosas que ya no eran palabras, y noté que seguir escribiendo como lo hacía cuando los blogs -o este al menos- funcionaban no me era tan fácil. Que haya variado a darle más vida al tumblr -a los varios tumblrs, mejor dicho- y a twitter un poco lo demuestra.
3.- Ya no sigo leyendo blogs con asiduidad. No sé cuánta gente de los que nos leíamos siguen haciéndolo. Por suerte algunas discusiones y textos políticos se siguen viendo. Considero que las opiniones políticas se polarizaron muchísimo más desde el 2010, y los textos que muchos hoy tal vez deciden postear en facebook o incluso seguir en otras plataformas como las radios online enriquecen a veces y la mayor parte fomentan esa polarización. Ni que hablar las discusiones por twitter, más desprovistas de cantidad de palabras pero regadas por cierta espontaneidad que no deja de parecerme curiosa.
4.- Estuve revisando, decía, el blog; y mientras termino de escribir estas palabras y me doy cuenta que sigo con un déficit de atención bastante notorio también me doy cuenta que muchas de las cosas que mantenía en aquellas épocas las sigo teniendo -cierto interés temático, por. ej-. Hoy tal vez sea un poco más grande y haya situaciones que me hacen mucho más feliz de lo que era en el interín en que no escribí por acá. Una de ellas, ver que en algún momento pude escribir. Y que tal vez sea el momento de volver a cambiar y hacerlo de nuevo.
5.- Por si se preguntan, sí, me siguen gustando mucho los covers:
Los manuales de metodología desbordan de explicaciones de los pasos a seguir, los consejos de los investigadores son múltiples y variados, la propia experiencia se va sedimentando en cada nuevo paso. Pero, el nacimiento, el punto en que se dice: "voy a investigar esto" es para mí un misterio. Es el punto en que la subjetividad aparece más desnuda: el interés no está dictado -al menos no solamente- por la "actualidad" o la "realidad". Hay muchísimos temas ahí afuera pero no podemos abarcar todos y, lo que es más importante, no nos interesa abarcar todos.
¿A qué viene todo esto?
Estaba leyendo esta nota sobre hijos únicos, que empieza haciendo una relación entre la cantidad de hijos y la situación económica (a las clases medias el hijo le cuesta - "tener uno, pero tenerlo bien"). Después comienza a desbaratar los mitos acerca de los hijos únicos (malcriados, egoístas, solitarios empedernidos) apelando en menor medida a entrevistas que a archivo e investigaciones. La autora es, claro, madre de un hijo único.
Concluyendo
Lo primero que hice al leer la nota fue pensar, "¿y acá qué pasa?" Abrí la EPH, escribí la sintaxis, le di run. Busqué en google académico al respecto. Abrí la página de la biblioteca, pero antes de seguir entusiasmandome, reflexioné un segundo. ¿Valía la pena seguir para aplacar mi curiosidad? ¿Para saber qué tan acompañada está mi hijauniquez, para enmarcarla en una situación?
Mi curiosidad y mi situación biográfica seguramente determinaron el interés repentino. Más allá de la existencia del fenómeno, eso motivó el arranque de necesidad de datos empíricos. Y la posterior reflexión sobre algo que iba a ser, originariamente, un comentario sobre una nota periodística.
Eso sí, para el que le interese, y apresuradamente, puedo decir que en los aglomerados urbanos del país, al 4to trimestre de 2009, un 40% de los hogares con hijos tienen solamente uno, dato que así solito -como un hijo único- no sirve para nada.
Cíclicamente, parece los blogs sufren estas crisis. Se callan, se oscurecen, parece que se apagan.
Y tiene que ver con los ciclos de sus autores, obvio. Y con los cambios que se dan en las prácticas de internet, sin dudas. El blogging es una práctica que hay que mantener.
Por ahora, por un tiempo, este blog asume la crisis. Su autora se mudó a la inmediatez de twitter y de tumblr. Volverá sin dudas, algún día, al blogging.
¿Qué le vamos a pedir a Macri, que vive en una serie policial traducida al español neutro? No se lo puede correr como se la corrió a Cristina Fernández -no la corrimos nosotros, no nos arroguemos nada-. Hubo que hacer cálculos para que los primeros días de gobierno, olvidables, se revirtieran con las medidas que realmente mueven números en los resultados sociales, con la Asignación Universal por Hijo a la cabeza. Pero, ¿cómo llegar a Macri jugando con autitos en las calles de Buenos Aires? Con asesores que, si existen, no parecen tenerla muy clara. Con funcionarios que andan dando vuelta la ciudad, llevando adelante esa gestión como si fuera una misión superior, en beneficio de la gente bien, de la gente que merece la ciudad (Qué gran libro de Oszlak).
Cambiar la policía es cambiar la idea que tenemos de país. Donde una victoria no es que la presidenta no vaya al Colón, una victoria es la aplicación de una política social a largo plazo, con resultados que no serán inmediatos, pero que serán firmes e indiscutibles.
Me parece que el otoño es la única estación del año que me mueve a escribir sobre ella. Es el preludio del invierno, el momento en que el vestuario empieza a poblarse y donde las ganas de unas botas de lluvia se vuelven necesidad.
Pero el otoño es más idealizable. El otoño es el momento en que todo empieza a cambiar más notoriamente, más que la primavera. El otoño y el invierno producen cambios radicales. Todo se pone gris primero. Y completamente inerte después, acá, en esta ciudad donde el blanco no existe. No hay blanco. El otoño acá es gris. Son colores mucho más interesantes que los de la primavera, que serán más, pero son menos también. Porque miramos para abajo y es amarillo sobre el gris del asfalto. O miramos para arriba y es naranja sobre el gris del cielo. Y es húmedo. Tan húmedo. Todavía no es frío, pero es pegajoso, es lento, y sin embargo es luminoso.