23.10.05

Otro domingo democrático

Volví de votar. Pasé tres o cuatro veces por los bancos de ese salón despojado donde pasado mañana los niños volverán a sentarse. Miré una y otra vez las boletas. Conté las que estaban dobladas, tiradas en el piso. Casi todas de partidos de izquierda. Las levanté. Tomé una, la doblé dos, tres veces y la metí en el sobre. Sentí sobre mi piel la regla que había guardado para cortar boleta, pero me arrepentí a último momento. No sé si está bien, si está mal, no sé. Salí, le avisé a la presidenta de mesa que las boletas estaban dobladas y me fui, caminando con mi padre y mi primo que habían votado dos minutos antes.

Fue un domingo de reunión, de festejos atrasados, de brindis por días de la madre, por onomásticos, por jubilaciones que llegaron. La votación fue una simple anécdota. Hubo tías que se iban a Avellaneda a votar a eso de las 17:15 (excusa para pedir el auto). Hubo otras que se quejaron porque las viejas sólo ocasionaban demoras (parece que votar luego de cierta edad es una molestia). Volví a casa, prendí la tele y no hubo sorpresas. A las 18:20, parece que Macri y la señora Fernández ganaban en sus respectivos lugares (al menos eso decía América Satelital o como sea que se llame ese canal). ¿Valió mi voto doblado? ¿Es, como considera don F!, una salida válida, o tendría que haber sido coherente con lo que pienso y quemar todas las urnas que estuvieran a mi alcance?

No sé si es la mejor salida dentro del sistema. No sé si vale la pena. Pero hoy, voté. Y ya casi ni lo recuerdo.

1 comentario:

Pablo dijo...

A todos, parece, que estas elecciones nos dejó un sentimiento parecido.